martes, 10 de marzo de 2020

La fiestera desorientada

Esta tarde tomando un café con mi hermana, nos pusimos a recordar, porque después de 15 años y dos negocios tenemos muchas anécdotas para reflexionar, tanto en uno como en otro local. ¡Y muchísimas muy divertidas!
La verdad es que me pongo triste por no estar aún allí, pero también sé reconocer que hay cosas que no se pueden llevar a cabo por mucho que lo desees, pero lo bueno son las anécdotas, los buenos momentos con los amigos y conocidos (esos clientes a los que se les acaba cogiendo mucho cariño), anécdotas que te quedan después de tantos años cara al público y que acaban formando parte de ti, porque así es la vida, somos lo que vivimos, lo que hacemos día a día.
Entre todas estas historias hemos recordado a algunos de los invitados más alocados que estuvieron en las bodas, desde aquellos que pierden los dientes hasta las chicas que quedan encerradas en el local porque estaban durmiendo en sabe dios dónde.
Vamos a empezar por esta última, porque no hace mucho le pasó a alguien en un bar y salió en las noticias, el cual no pudo volver a casa hasta que le abrieron por la mañana, pero se ve que el señor no se había aburrido, ya que había disfrutado de la barra «libre» durante la espera.
En nuestro caso se trataba de uno de tantos sábados de trabajo, este acontecimiento fue en una cena-baile con la actuación de una gran orquesta, la verdad es que fue una gran noche. Trabajamos bien, no me acuerdo de toda la noche, pero sí del final, y los trabajadores que estaban allí seguramente también recuerden este momento y dudo bastante de que les quede en el olvido.
De aquella, después de cerrar, revisar y recoger, subíamos a la cocina y hacíamos lo que llamábamos el «desayuno-cena», ya que unos tomaban un colacao, otros café con leche, pero también había langostinos, rape, ternera… Vamos que cada uno se ponía las botas como podía.
Charlábamos tranquilamente camareros, porteros, cocineros… Estábamos bastantes esa noche, como una gran familia que un buen grupo organizado de trabajadores puede llegar a formar después de tantas horas de trabajo, y de repente nos aparece una chica con cara de alucinada. Yo le dije "hola" y ella la pobre me contestó con cara de susto que estaba todo cerrado y que se quería ir para casa. A lo que le dije «vale ¿pero dime tú dónde estabas?» La pobre más desorientada no podía estar porque ni ella sabía en dónde se había metido ya que me dijo que no lo sabía.
La interrogamos un poquito más mientras que la acompañábamos a la puerta y sus «amigos» ya no estaban. Ella no sabía dónde había estado durmiendo (pero se ve que estuvo cómoda durante un rato como mínimo) y al cerrar la sala e irse la gente y apagar la calefacción despertó, seguramente el frío que empezaba a notarse en el local. Si llega a despertar media hora más tarde seguramente se hubiese quedado sola dentro, haciendo saltar las alarmas. 
Desde ese día se empezó a revisar mucho más minuciosamente el local antes de ese desayuno-cena, incluso hasta debajo de las mesas, porque a día de hoy no tenemos ni idea de en dónde estuvo durmiendo esta chica. 
Como veis no es tan raro que alguien se quede perdido en un local de fiestas, así que tened cuidado porque os puede pasar a vosotros. 
Espero que os haya gustado, nos vemos en la siguiente anécdota,
Su y Lis

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