martes, 24 de marzo de 2020

No será por inodoros...

Hola a todo/as, en tiempos de cuarentena y en estado de pandemia mundial, nosotras aquí seguimos con nuestros recuerdos y anécdotas, esperando que por lo menos os sirvan para pasar un rato agradable y entretenido.

Hoy para darle un tono más divertido a estos días difíciles vamos a hablar de meadas, suena raro sí, pero seguir leyendo que más de uno va alucinar con lo que os vamos a contar.

Primero aclarar que el local tenía muchos baños, tanto en la parte baja como en la parte superior, tanto para chicos como para chicas, vamos que eso de esperar colas increíbles para poder satisfacer nuestras necesidades fisiológicas allí no pasaba, no eran los baños más hermosos del mundo, pero hacían su función, y a pesar de ello hemos vivido anécdotas insólitas ante la falta de su uso.

La primera en rememorar fue Lis, lo recuerda perfectamente y cómo nos reímos pensando en lo increíble del asunto. Estaba ella recogiendo vasos de la pista, además fue un día en el que no había especialmente mucha gente en el local, y se encuentra con un tío con la pinga, polla, aparato, miembro viril, conocido como pene, de fuera, sacado, listo para miccionar, y le avisa de en dónde está el baño y que allí, al lado de una puerta de emergencia y delante de todo el mundo, no era el lugar más adecuado para proceder a su desahogo. El chico le dijo que sí, y le dio las gracias y ella despreocupada, apelando al civismo y sentido común que le podría quedar, siguió con su trabajo. ¡Imaginaos cuál fue su sorpresa cuando otra clienta le avisa muerta de la risa de que el tipo decidió que le gustaba más su primera idea y echó una meada allí mismo! Obviamente, como resultado, se procedió a invitarlo a desalojar el local, vamos que lo echamos por guarro. 

Sin embargo, esta no fue la única vez que tuvimos que pedirle amablemente a un cliente que salga del local por hacer un pis en un sitio que no es el adecuado; ya que en la parte superior del edificio contábamos con una terraza a la que se le daba mucho uso para los que querían fumar y de la que los servicios estaban como mucho a 10 metros de distancia. De allí hemos echado a muchos más clientes con el síndrome del Meneken Pis de los que podáis imaginar y entre todos ellos hubo uno que destacó entre los demás.

En este caso le pasó a Su, estaba fumando fuera y vio al susodicho hacer un pis desde la terraza, avisó a seguridad y fue invitado a salir del local, pero a este cliente en concreto eso no le pareció muy bien y pidió una hoja de reclamación, si esto os parece increíble veréis ahora, porque incluso llamó a la policía para poner una denuncia. ¿Os imagináis la cara de Su cuando aparece la municipal preguntando por ella y por qué se había expulsado al cliente? Después de las pertinentes explicaciones y de que el propio chico reconociese que sí, que lo había hecho y que no entendía porqué por una meada desde la terraza se pueda echar a nadie de un local. Sí, la cara de la policía también fue todo un poema. Al final los agentes se lo llevaron con ellos y no sabemos si fue para tomar declaración y tramitar la denuncia o para explicarle cómo se tiene que proceder de forma correcta cuando uno necesita orinar. Nunca supimos nada más del asunto.

Estamos seguras que todos/as hemos tenido un apretón en algún momento de nuestras vidas y de que todos/a hemos hecho de campo, pero os recordamos que dentro de un local hay sitios destinados para tal efecto y la verdad es que tener que explicarle a un adulto que esa forma de proceder no es la correcta a veces a los trabajadores no da mucho apuro.

Esperemos os haya gustado esta historia, prometemos seguir sin prisa pero sin pausa con el blog, un saludo:

Su y Lis.

martes, 10 de marzo de 2020

La fiestera desorientada

Esta tarde tomando un café con mi hermana, nos pusimos a recordar, porque después de 15 años y dos negocios tenemos muchas anécdotas para reflexionar, tanto en uno como en otro local. ¡Y muchísimas muy divertidas!
La verdad es que me pongo triste por no estar aún allí, pero también sé reconocer que hay cosas que no se pueden llevar a cabo por mucho que lo desees, pero lo bueno son las anécdotas, los buenos momentos con los amigos y conocidos (esos clientes a los que se les acaba cogiendo mucho cariño), anécdotas que te quedan después de tantos años cara al público y que acaban formando parte de ti, porque así es la vida, somos lo que vivimos, lo que hacemos día a día.
Entre todas estas historias hemos recordado a algunos de los invitados más alocados que estuvieron en las bodas, desde aquellos que pierden los dientes hasta las chicas que quedan encerradas en el local porque estaban durmiendo en sabe dios dónde.
Vamos a empezar por esta última, porque no hace mucho le pasó a alguien en un bar y salió en las noticias, el cual no pudo volver a casa hasta que le abrieron por la mañana, pero se ve que el señor no se había aburrido, ya que había disfrutado de la barra «libre» durante la espera.
En nuestro caso se trataba de uno de tantos sábados de trabajo, este acontecimiento fue en una cena-baile con la actuación de una gran orquesta, la verdad es que fue una gran noche. Trabajamos bien, no me acuerdo de toda la noche, pero sí del final, y los trabajadores que estaban allí seguramente también recuerden este momento y dudo bastante de que les quede en el olvido.
De aquella, después de cerrar, revisar y recoger, subíamos a la cocina y hacíamos lo que llamábamos el «desayuno-cena», ya que unos tomaban un colacao, otros café con leche, pero también había langostinos, rape, ternera… Vamos que cada uno se ponía las botas como podía.
Charlábamos tranquilamente camareros, porteros, cocineros… Estábamos bastantes esa noche, como una gran familia que un buen grupo organizado de trabajadores puede llegar a formar después de tantas horas de trabajo, y de repente nos aparece una chica con cara de alucinada. Yo le dije "hola" y ella la pobre me contestó con cara de susto que estaba todo cerrado y que se quería ir para casa. A lo que le dije «vale ¿pero dime tú dónde estabas?» La pobre más desorientada no podía estar porque ni ella sabía en dónde se había metido ya que me dijo que no lo sabía.
La interrogamos un poquito más mientras que la acompañábamos a la puerta y sus «amigos» ya no estaban. Ella no sabía dónde había estado durmiendo (pero se ve que estuvo cómoda durante un rato como mínimo) y al cerrar la sala e irse la gente y apagar la calefacción despertó, seguramente el frío que empezaba a notarse en el local. Si llega a despertar media hora más tarde seguramente se hubiese quedado sola dentro, haciendo saltar las alarmas. 
Desde ese día se empezó a revisar mucho más minuciosamente el local antes de ese desayuno-cena, incluso hasta debajo de las mesas, porque a día de hoy no tenemos ni idea de en dónde estuvo durmiendo esta chica. 
Como veis no es tan raro que alguien se quede perdido en un local de fiestas, así que tened cuidado porque os puede pasar a vosotros. 
Espero que os haya gustado, nos vemos en la siguiente anécdota,
Su y Lis

Presentación

Aquí estamos Su y Lis o Lis y Su, como vosotros prefiráis. Somos dos hermanas de 5 (Su es la mayor de todos y yo, Lis, justo lo contrario, ...