lunes, 10 de marzo de 3000

Presentación

Aquí estamos Su y Lis o Lis y Su, como vosotros prefiráis. Somos dos hermanas de 5 (Su es la mayor de todos y yo, Lis, justo lo contrario, la que cerró la puerta al nacer con candado para que la cosa no se les fuese de las manos a mis padres, ya que éramos más que suficientes para hacer un equipo de baloncesto).
Después de pasar muchos años trabajando juntas en hostelería, cada una con sus diferentes roles, hemos decidido que ha llegado la hora de compartir con vosotros cómo se siente uno cuando alguien está al otro lado de la fiesta, es decir; el que la organiza. Y esas somos nosotras, hemos realizado un montón de eventos, desde las típicas BBC, cenas-baile con orquestas y hasta reuniones de viudas, sí, habéis leído bien.
Con este blog solo esperamos pasar un rato agradable compartiendo nuestros recuerdos y si alguien se siente identificado, y quiere compartir la experiencia, siempre será bienvenido.
Un saludo,
Su y Lis

lunes, 12 de octubre de 2020

La que has liao pollito, la que has liao.



Hola de nuevo,

Hoy escribo esta entrada desde urgencias del Marcide, nada grave, mi canija ha tenido una vuelta estomacal. Y mientras la veo dormir plácidamente he recordado las anécdotas variopintas en las que nuestros clientes han acabado también en urgencias.

Recuerdo tres en concreto, aunque hubo muchas más:

La primera es totalmente inolvidable, pue casi hace que yo misma acabase con un síncope. Era mediados de julio, hacía una calor increíble, de esos días de verano que no sabes como refrescarte. Aquel día al personal se le dio por el acuarius y el nestea, por lo que poco antes de la barra libre me acerqué a una tienda a por más. Cuando salí del restaurante todo quedaba en orden, pero a la vuelta me encuentro con una mujer tirada delante de la puerta de la cafetería y lo peor, ¡toda tapada! Lo que viene siendo tapada de pies a cabeza, menos los zapatos. No os podéis imaginar el mal cuerpo que me dejó nada más verla porque todo apuntaba a que había sucedido una tragedia. Menos mal que al final la señora sólo tuvo un un golpe de calor, pero no sé a quien se le ocurrió la feliz idea de taparla por si le pillaba el frío. Ya os podéis imaginar el susto que me he llevado porque solo le asomaban los tacones por debajo del mantel cuando la he visto. (Sí, a veces los manteles son muy socorridos, sirven tanto para que los amigos le cubran el coche a los novios con él, como para tapar a una señora que no vaya a ser que se resfríe mientras que sufre un golpe de calor).

La segunda ha ocurrido muchas, pero que muchas veces ya que es la mítica de
tener que llamar a urgencias porque le dio un subidón de azúcar al abuelo/a. Es normal que pasen estas cosas ya que los tienen a régimen, sin dulces, sin sal, sin alcohol, sin na de na. Y pobres llegan y se encuentran con los aperitivos, que solo con mirarlos las manos cobran vida propia y se ponen a trabajar. Después el menú, que sí que los langostinos y las cigalas son a la plancha, pero esas patatas crujientitas que acompañan al rape y que todos dudan de si son de bolsa o no. - No, no son de bolsa, la mandolina hace milagros y las deja bien finitas para que después en el horno queden en su punto-. (Ups! Que sin querer os acabo de decir el secreto del chef). Puedo dar fe de que ellos procuran no propasarse pero, ¿quién se puede resistir? Si solo es un día, por uno no pasa nada, venga que hoy es fiesta...
Pues a este abuelo en concreto le dio un subidón de azúcar y además fue en el peor momento. Ya sabemos que siempre es mal momento para que te pase algo así, pero este fue el momento de todos los momentos pues fue justo nada más llegaron los novios e iban a entrar en el local para hacer el brindis. Así que todos nos tuvimos que armar de paciencia, sobre todo los familiares, y esperar a la ambulancia para que los sanitarios atendiesen y dejasen como nuevo al pobre abuelete. Después del contratiempo todo fue genial y si lo pensamos bien pues tienen una anécdota más, con final feliz, que contar de ese día tan especial.

La tercera y última que aquí os contaré resalta por la edad de la persona que la ha protagonizado, pues la tía abuela de la novia, 89 añazos, viajó desde Castellón para la boda de su sobrina, encantada de estar en Galicia. También contábamos con un día caluroso y a la buena mujer le gustó nuestro albariño, ese suave y bien frío que entraba como el agua. No sé realmente cuánto bebió pero os diré que el susto nos lo dio en el último plato y tenían 5. Ese día también pensé que se nos moría una invitada, os recuerdo 89 años, cuando llegaron los sanitarios, uno de ellos era amigo del encargado, y le dijo - si cada vez que se te emborracha alguien nos vas llamar vamos a venir mucho hoy-. Os vuelvo a recordar 89 años, por lo que no nos tomamos muy enserio al amigo de Martín, pero al final el diagnóstico fue coma etílico, con su correspondiente lavado de estómago. El comentario de la novia fue "creo que nadie va tener una anécdota tan increíble como la mía. Mi tía-abuela de 89 años y que es abstemia, ha escogido el día de hoy para empezar a beber y probar el albariño".

Durante estos años hemos vivido muchas aventuras y han sido muchos los sustos que nos hemos llevado, casi siempre por ingestas excesivas, pero también me alegra decir que siempre se han quedado sólo sustos y una historia para el recuerdo.

De aquí hasta la próxima entrada y ya sabéis, cuidaros mucho.

Bricoconsejo del día: si nunca antes habéis probado algún marisco hacedlo antes del día de la fiesta, que después seréis los protagonistas por una alergia desconocida y acabaréis yendo de viaje en ambulancia. En cuanto a lo de mantener un consumo moderado de alcohol, eso ya os lo recuerda tráfico.

    jueves, 3 de septiembre de 2020

    Amigos de lo ajeno



    Buenas,


    Ya estamos de vuelta con otro post más para divertirnos un poco y olvidarnos del absurdo del día a día que este virus nos está haciendo vivir, sobre todo con esta vuelta al cole tan atípica que van a padecer nuestros pequeños. En fin, no lo pensemos más y al lío.


    El otro día hablando con un compañero de cosas raras que nos han pasado recordó a una clienta que tenía la manía de llevarse los ceniceros usados, y así, a lo tonto, nos hemos puesto a hablar de la gente que es amiga de lo ajeno.


    Todos, o casi todos, nos hemos enamorado de alguna copa, vaso, servilleta... Y nos lo hemos llevado a casa, bien sea en modo ladrón de guante blanco, con mucho descaro, o directamente de forma educada, pidiéndoselo al camarero o al dueño del local.


    De hecho a lo largo de los años en nuestros locales se han llevado de todo, desde cosas "normales" como son la cubertería, los pocillos, los vasos de chupito, platos y un largo etcétera hasta cosas totalmente fuera de lo común e inimaginables. Llegados a este punto nos gustaría mencionar a una señora que en vez de comerse los langostinos los iba metiendo sutilmente dentro de una bolsa en el bolso, con tan mala suerte que el camarero le dio "accidentalmente" una patada al bolso y se les desparramaron todos por el suelo haciéndole pasar ese momento de vergüenza ajena por el que nadie querría pasar. Sin embargo, hoy vamos a hablar de enamorarse de cosas raras, esas cosas de las que se enamora la gente y tú te preguntas: - ¿Pero, por qué?-.


    Este hecho ha sucedido de forma reiterada en el baño. Sí, en el baño. A nosotras nunca se nos ocurriría llevarnos nada de un baño si no fuese un útil de aseo que nos hiciese falta en ese momento, como podría ser una tirita o una compresa, pero para gustos hay colores... Pues como os estábamos contando, en el baño teníamos un mueble, en principio sin candado debido a que nos parecía absurdo cerrar bajo llave este tipo de cosas ya que en él guardábamos perfumes, maquillaje, gomas para el pelo, horquillas, lo que vienen siendo los útiles varios que se puedan tener en el armario de un baño. Suponemos que a estas alturas ya os estaréis imaginando por dónde van los tiros, o no puesto que todavía no entendemos para qué querría alguien llevarse un cepillo de dientes usado, pero sí, eso fue precisamente lo que se llevaron y no ha sido una vez sino varias. ¿Acaso teníamos a un fetiche dental entre nosotras? Como mínimo sabemos que el cepillo no sería usado para obtener nuestro ADN como en las series policíacas, pues de momento no hemos cometido ningún crimen, y dudamos de que nos quisiesen clonar como a la oveja Dolly. A ver, reflexionemos... ¿Quién se puede llevar un cepillo de dientes de otra persona y además usado? ¿Quién? La verdad es que este hecho nos dejó bastante perplejas, pero es que hubo algo que todavía nos dejó aún más asombradas ya que el objeto de deseo en este caso fue... ¡La escobilla del water! Ese día sí que nos quedamos de piedra, al principio pensábamos que las habían cambiado de sitio por hacer la gracia, pero no, realmente alguien se las había llevado del local. 


    Llegados hasta este punto creemos que podríamos realizar un ranking de los objetos más absurdos que se han convertido en objeto de deseo y que por ello han sido sustraídos de nuestros locales. ¡Es más, lo vamos a hacer! 


    Y en el nuestra la lista de los top 5 de los objetos de deseo más absurdos tenemos:


    5: Servilletas de tela (¿quién no quiso tener en su casa una servilleta de tela que ha sido usada una y cientos de veces por varios desconocidos?)

    4: Langostinos (bueno tan absurdo no es que con lo ricos que están cualquiera se los llevaría, pero meterlos en el bolso en vez de comerlos recién hechos es cuestionable.)

    3: Ceniceros sucios (ya puestos a llevarte un cenicero que menos que llevártelo limpio, pero bueno cada loco con su tema).

    2: Cepillo de dientes usado (sin palabras, no se nos ocurre nada para argumentar).

    1: Escobilla del water usada (puagggg).


    Hay muchas, muchas más cosas de las que pensamos que la gente se lleva de los locales, pero en nuestro caso estas son las que nos han dejado un poco estupefactas, sobre todo las dos últimas.


    ¿Cuál sería vuestro ranking? Ya sabéis que si queréis compartir vuestras vivencias podéis hacerlo.


    Un saludo y feliz vuelta al cole, no olvidéis de sacar lo bueno que tiene cada día.







    miércoles, 22 de julio de 2020

    A ligar se ha dicho!

    Buenas tardes a todos ya estamos en Julio, algunos de vacaciones otros para empezarlas. Este año son distintas, la nueva normalidad, pero el verano siempre fue la estación del año idónea para ligar y pasarlo bien de fiesta con la familia y los amigos.

    Hablando de ligar, en este post queremos recordar a alguno de nuestros pretendientes, esos que por su gran "atención" quedarán siempre en nuestros recuerdos, porque trabajando en la hostelería, hemos triunfado, y mucho, y daba igual el tipo de evento a realizar.

    La barra es el mítico lugar para ligar, sobre todo si se trata de una barra libre. Y en las bodas siempre pasaban dos cosas; que algún invitado nos dijese la mítica de "tómate algo que invito yo" o que se acercase el padrino y nos dijese "ven a bailar con el novio que da suerte", pero raro era el día que no nos dieran el teléfono de alguno/a apuntado en una servilleta.

    Pero no solo nosotras triunfamos en el mundo de la hostelería, ¡los chicos también!

    Recuerdo a un camarero en particular, era un chico muy mono, moreno con unos ojazos azules y de muy buen ver, además de que tenía buen porte, ya que llevaba la bandeja con mucha elegancia. Y claro, más de una (y de uno) suspiraba al verlo pasar. Este chico estaba "acostumbrado" a llamar la atención, pero hubo un evento en particular que ya no le hizo tanta gracia sentirse objeto de deseo. Nos estamos refiriendo a una de las comidas realizadas por un grupo de viudas, mujeres ya adultas y que alguna pasaba de los noventa. Y cuando el camarero salía a servirles se montaba en el comedor una fiesta que podría ser comparable con un grupo de fans de Take That o del Bieber. La cuestión es que a medida que iba pasado la comida y el vino empezaba a hacer efecto, alguna ya pasaba de las admiraciones y suspiros a ir un poco más decidida y pellizcar el culete de nuestro compañero. La verdad es que mucho nos reímos del pobre, pero hay que reconocer que a veces un poco, o un mucho, de alcohol hace desinhibirse a cualquiera.

    Seguimos recordando, esta vez nos viene a la memoria el chico que quería ligar con el jefe. En aquella boda yo aún estaba embaraza de mi hija mayor y como faltaba poco para salir de cuentas me fui para casa antes de que terminase la fiesta, así que me despedí de los novios y del chico en cuestión, que se había encandilado con el porte de mi marido. No sabemos si fue eso lo que lo animó, y seguramente también el alcohol ingerido tuvo algo de culpa, pero el chico sacó coraje y fue a saco a por el jefe, vamos que no es que le tirara la caña sino que directamente le dio con ella en la cabeza.Ya os podéis imaginar las risas de todos los que estaban allí viendo la escena en directo, porque sí, fue muy divertido verlo ya que el pretendiente no cesaba en su intento y hasta que se terminó la fiesta sacó todo su arsenal para intentar encandilar al jefe. Le echaba besitos, lo llamaba, le bailaba de forma erótica, le dio el número de teléfono, intentó bailar con él, le invitaba a copas... De todo, él tenía su objetivo marcado y como mínimo de allí no se iba a marchar sin ponerlo todo de su parte.

    Ahora imaginaos y pensad por un momento, si eso pasaba en las bodas, comuniones o comidas sencillas en un restaurante normal para eventos, ¿qué nos podría pasar ya cuando estuvimos en la sala de fiestas? Aquí ya la noche nos confunde a todos y ocurren cosas como hacerle la cobra a un cliente en medio de la pista recogiendo vasos, Lis de buena fe de ello, o que estén esperando por nosotras al salir, aunque alguno se llevó un gran chasco al enterarse que esperar por nosotras no iba tener el resultado deseado, pues nuestras parejas también venían o sencillamente el interés era nulo. Una vez más es importante recordar que no solo ligamos las mujeres o solo a nosotras nos pasan este tipo de cosas con algún pretendiente entusiasmado, pues también recuerdo a la madurita que se encaprichó con uno de nuestros camareros, ¡hasta se le subió al caballito! Las risas que nos echamos a cuenta de esto nos duraron meses, porque nuestro camarero en cuestión también estaba bien entrado en años. Sin lugar dudas en este local hubo alguien (más bien algo) que siempre triunfaba todas las noches sin excepción, se trataba de una columna de madera que estaba cerca de la barra y la gran mayoría de personas que pasaban por allí no podían evitar bailar con ella.

    Si eres de los que quiere ligar con el camarero/a y estás leyendo esto no te desanimes, no todas las historias quedan para una tarde de charla de acontecimientos, puesto que también han salido parejas y algunos han encontrado a la que hoy en día es su mujer y la madre de sus hijos.

    Así que aprovechad el verano que aunque sea distinto en muchos aspectos en otros nunca se sabe. Y no dejéis de sonreír, a pesar de las mascarillas nuestros ojos transmiten nuestra alegría.


    lunes, 8 de junio de 2020

    Ocurrencias del personal

    Hola a todos, esperemos que estéis bien y entrando en esta nueva "normalidad" con buen pie.
    Nosotras aquí seguimos, recordando vivencias en el trabajo y hoy le tocó el turno a las anécdotas divertidas del personal.

    Cuando se prepara un evento, sobre todo uno bien grande y especial como son las bodas, se tienen en cuenta varios factores, pero hay uno en concreto que en el local poco puede hacer, a parte de esperar, y es la llegada de los invitados al local. Hasta hace poco no se estilaba tanto eso de realizar la ceremonia en el local, no por lo menos en nuestra zona, así que había que esperar a que llegasen los invitados, bien sean todos juntos en el bus o cada uno por su propia cuenta. Así que había un tiempo "muerto" desde que se tenía listo el local y los aperitivos fríos hasta que empezase a llegar la gente, pues todos sabemos que cada boda tiene su tiempo de duración, sobre todo si van por la iglesia, el cual variaba un montón.

    En esos espacios de tiempo a los camareros y al jefe se les ocurría hacer mil tonterías (sí, el jefe también las hacía y a veces era el que peor idea tenía). Muchas de esas ideas podrían ser las de un niño pequeño y entre ellas una de esas maravillosas inventivas era la lucha libre contra el jefe, el cual mide casi dos metros y es un hombre corpulento, además de tener conocimientos en judo, defensa personal y krav maga. Y allí los veíais a 3 o 4 camareros intentando doblegar al jefe como si fuesen un grupo de niños pequeños jugando a las peleas o al pressing catch, pero a veces estas "peleas" tienen sus consecuencias y una de ellas fue que sin querer uno de los camareros se rompió un dedo. Evidentemente, desde ese día quedó totalmente prohibido jugar de esa manera, sobre todo antes de que llegase la gente para realizar el evento, una vez se terminase todo que hiciesen lo que le querían, si es que les quedaban fuerzas.

    En este caso ese camarero era un poco peculiar, y su dedo también puesto que posteriormente volvió a sufrir otra ruptura en el mismo sitio y le costó un poco dejar que se curase. Con este chico las risas estaban siempre aseguradas ya que cuando se aburría buscaba siempre el modo de entretenerse y de entretener a los demás. Una de las veces que se aburría no se le ocurrió otra cosa que echarse un mantel por encima a modo de capa atado en el cuello, llevar una tapa en la mano (no una pequeña o normal, sino una de las grande de los marmitones) como si fuese un escudo y remató su atuendo con la espada nupcial (en este caso era la Tizona del Cid, bueno la réplica). Y dando golpes como si fuese un espartano al grito de "camareros, los invitados ya están aquí y tenemos que plantar batalla" nos avisó a todos de que los invitados ya habían llegado.

    Otra de las anécdotas que además duró muchos años y siempre dio mucho de que hablar, sobre todo cuando alguien empezaba nuevo, fue la ocurrencia de comprobar la valía de cada hombre que pasaba entre el personal. Evidentemente nadie estaba obligado a hacer nada y los resultados no eran definitivos para el puesto de trabajo, pero las risas y charlas estaban aseguradas. El hombre que quisiera probar su varonilidad tenía que superar una prueba, dicho con palabras delicadas; todo aquel que presumía de su miembro viril podría hacerlo de forma orgullosa si en estado de alegría no era capaz de introducirlo a través del agujero del canutillo del papel higiénico. Sí, tal y como lo habéis leído, y os aseguro de que casi todos en algún momento probaron su hombría de esa forma, algunos iban sobrados y otros se traumatizaron porque decían que les daba vueltas el canutillo.

    Cómo podéis comprobar, realizar un gran evento es cansado ya que da mucho trabajo y son muchas horas invertidas en él, pero si el equipo de trabajo está unido se puede hacer de todo, trabajar y divertirse, solo hay que saber cuándo hay que ser  responsable y cuando podemos estar más relajados. Aquí tenéis la receta para convertir un día duro de trabajo en uno ameno.

    domingo, 12 de abril de 2020

    Todos nos equivocamos

    Hoy vamos hablar de meteduras de pata:

    A todos os habrá pasado pedir algo y que el/la camarero/a no tenga ni idea de lo que le estáis pidiendo, aunque a vosotros os parezca lo más normal del mundo.

    Recuerdo en una ocasión en un Pup que yo pedí un San Francisco, ya que por norma general no suelo beber alcohol, y la camarera, que no tenía ni idea de lo que le había pedido, se puso a buscar entre las botellas y volvió a mi lado diciéndome "de eso no tenemos, se debió de acabar". Le expliqué qué era exactamente lo que quería y cómo se preparaba, pero ella el mal trago lo pasó igualmente.

    Sin embargo, años después fue a mí a quien le tocó el bochorno. Estaba haciendo un café, era a primera hora de la noche, y un cliente me preguntó si tenía menta y yo cortésmente le dije que sí. Me dijo entonces: - ¿Me pondrías una menta con leche caliente y un gin-tónic para mi mujer?- Entonces yo le puse el gin-tónic primero, calenté la leche y preparé una menta poleo. Lo puse muy mono en jarritas y se lo serví al señor, el cual me miró con cara de alucinado y me dijo: -¿Qué es esto?- Yo señalé la jarrita de la menta-poleo y le dije: - Una menta- Y señalé la jarrita de la leche y le dije: -Con leche, lo que usted me pidió.- La mujer del señor creo que aún se ríe hoy de mí, se atragantó con su gin-tónic y se tuvo que agarrar a la barra del ataque de risa que le dio. El señor muy amable, y aguantando la risa, me explicó que lo que quería era licor de menta y no menta poleo, que él era mayor pero que aún no estaba enfermo.

    Después de mi bochorno, de ponerme roja como un tomate y de servir lo que el cliente quería, recordé a la pobre chica que no sabía poner un san francisco. En mi defensa diré que a la mezcla del señor se le llama "vaca verde" y si me lo dijese así, sí que le hubiese puesto bien su copa. Al fin y al cabo tampoco ha sido tan grave la cosa, puesto que les hice pasar un rato muy divertido a esta pareja, y doy fe de ello.

    Otra de las historias curiosas de los/las camareros/as, es cuando estos empiezan a estrenarse en este mundo de la hostelería y se ponen tan nerviosos que no son capaces de acertar a servir correctamente una petición tan corriente como puede ser "una cerveza con limón". Una vez se dio el caso de que, ante esta petición, la camarera, ni corta ni perezosa, le echó una rodajita de limón dentro de la caña. Supongo que a veces se nos cruzan los cables ante cosas tan sencillas, pero es que a veces ni el propio cliente sabe lo que quiere pedir, pues no es rara la persona que te pide "un café solo con leche",un "descafeinado de sobre clarito", "un café solo templado" o un "corto" cuando está pensando en un café cortado.

    Seguramente al leer esto has recordado alguna historia parecida que te haya pasado, bien sea en un lado u en el otro de la barra.

    Su y Lis.

    martes, 24 de marzo de 2020

    No será por inodoros...

    Hola a todo/as, en tiempos de cuarentena y en estado de pandemia mundial, nosotras aquí seguimos con nuestros recuerdos y anécdotas, esperando que por lo menos os sirvan para pasar un rato agradable y entretenido.

    Hoy para darle un tono más divertido a estos días difíciles vamos a hablar de meadas, suena raro sí, pero seguir leyendo que más de uno va alucinar con lo que os vamos a contar.

    Primero aclarar que el local tenía muchos baños, tanto en la parte baja como en la parte superior, tanto para chicos como para chicas, vamos que eso de esperar colas increíbles para poder satisfacer nuestras necesidades fisiológicas allí no pasaba, no eran los baños más hermosos del mundo, pero hacían su función, y a pesar de ello hemos vivido anécdotas insólitas ante la falta de su uso.

    La primera en rememorar fue Lis, lo recuerda perfectamente y cómo nos reímos pensando en lo increíble del asunto. Estaba ella recogiendo vasos de la pista, además fue un día en el que no había especialmente mucha gente en el local, y se encuentra con un tío con la pinga, polla, aparato, miembro viril, conocido como pene, de fuera, sacado, listo para miccionar, y le avisa de en dónde está el baño y que allí, al lado de una puerta de emergencia y delante de todo el mundo, no era el lugar más adecuado para proceder a su desahogo. El chico le dijo que sí, y le dio las gracias y ella despreocupada, apelando al civismo y sentido común que le podría quedar, siguió con su trabajo. ¡Imaginaos cuál fue su sorpresa cuando otra clienta le avisa muerta de la risa de que el tipo decidió que le gustaba más su primera idea y echó una meada allí mismo! Obviamente, como resultado, se procedió a invitarlo a desalojar el local, vamos que lo echamos por guarro. 

    Sin embargo, esta no fue la única vez que tuvimos que pedirle amablemente a un cliente que salga del local por hacer un pis en un sitio que no es el adecuado; ya que en la parte superior del edificio contábamos con una terraza a la que se le daba mucho uso para los que querían fumar y de la que los servicios estaban como mucho a 10 metros de distancia. De allí hemos echado a muchos más clientes con el síndrome del Meneken Pis de los que podáis imaginar y entre todos ellos hubo uno que destacó entre los demás.

    En este caso le pasó a Su, estaba fumando fuera y vio al susodicho hacer un pis desde la terraza, avisó a seguridad y fue invitado a salir del local, pero a este cliente en concreto eso no le pareció muy bien y pidió una hoja de reclamación, si esto os parece increíble veréis ahora, porque incluso llamó a la policía para poner una denuncia. ¿Os imagináis la cara de Su cuando aparece la municipal preguntando por ella y por qué se había expulsado al cliente? Después de las pertinentes explicaciones y de que el propio chico reconociese que sí, que lo había hecho y que no entendía porqué por una meada desde la terraza se pueda echar a nadie de un local. Sí, la cara de la policía también fue todo un poema. Al final los agentes se lo llevaron con ellos y no sabemos si fue para tomar declaración y tramitar la denuncia o para explicarle cómo se tiene que proceder de forma correcta cuando uno necesita orinar. Nunca supimos nada más del asunto.

    Estamos seguras que todos/as hemos tenido un apretón en algún momento de nuestras vidas y de que todos/a hemos hecho de campo, pero os recordamos que dentro de un local hay sitios destinados para tal efecto y la verdad es que tener que explicarle a un adulto que esa forma de proceder no es la correcta a veces a los trabajadores no da mucho apuro.

    Esperemos os haya gustado esta historia, prometemos seguir sin prisa pero sin pausa con el blog, un saludo:

    Su y Lis.

    Presentación

    Aquí estamos Su y Lis o Lis y Su, como vosotros prefiráis. Somos dos hermanas de 5 (Su es la mayor de todos y yo, Lis, justo lo contrario, ...