Buenas tardes a todos ya estamos en Julio, algunos de vacaciones otros para empezarlas. Este año son distintas, la nueva normalidad, pero el verano siempre fue la estación del año idónea para ligar y pasarlo bien de fiesta con la familia y los amigos.
Hablando de ligar, en este post queremos recordar a alguno de nuestros pretendientes, esos que por su gran "atención" quedarán siempre en nuestros recuerdos, porque trabajando en la hostelería, hemos triunfado, y mucho, y daba igual el tipo de evento a realizar.
La barra es el mítico lugar para ligar, sobre todo si se trata de una barra libre. Y en las bodas siempre pasaban dos cosas; que algún invitado nos dijese la mítica de "tómate algo que invito yo" o que se acercase el padrino y nos dijese "ven a bailar con el novio que da suerte", pero raro era el día que no nos dieran el teléfono de alguno/a apuntado en una servilleta.
Pero no solo nosotras triunfamos en el mundo de la hostelería, ¡los chicos también!
Recuerdo a un camarero en particular, era un chico muy mono, moreno con unos ojazos azules y de muy buen ver, además de que tenía buen porte, ya que llevaba la bandeja con mucha elegancia. Y claro, más de una (y de uno) suspiraba al verlo pasar. Este chico estaba "acostumbrado" a llamar la atención, pero hubo un evento en particular que ya no le hizo tanta gracia sentirse objeto de deseo. Nos estamos refiriendo a una de las comidas realizadas por un grupo de viudas, mujeres ya adultas y que alguna pasaba de los noventa. Y cuando el camarero salía a servirles se montaba en el comedor una fiesta que podría ser comparable con un grupo de fans de Take That o del Bieber. La cuestión es que a medida que iba pasado la comida y el vino empezaba a hacer efecto, alguna ya pasaba de las admiraciones y suspiros a ir un poco más decidida y pellizcar el culete de nuestro compañero. La verdad es que mucho nos reímos del pobre, pero hay que reconocer que a veces un poco, o un mucho, de alcohol hace desinhibirse a cualquiera.
Seguimos recordando, esta vez nos viene a la memoria el chico que quería ligar con el jefe. En aquella boda yo aún estaba embaraza de mi hija mayor y como faltaba poco para salir de cuentas me fui para casa antes de que terminase la fiesta, así que me despedí de los novios y del chico en cuestión, que se había encandilado con el porte de mi marido. No sabemos si fue eso lo que lo animó, y seguramente también el alcohol ingerido tuvo algo de culpa, pero el chico sacó coraje y fue a saco a por el jefe, vamos que no es que le tirara la caña sino que directamente le dio con ella en la cabeza.Ya os podéis imaginar las risas de todos los que estaban allí viendo la escena en directo, porque sí, fue muy divertido verlo ya que el pretendiente no cesaba en su intento y hasta que se terminó la fiesta sacó todo su arsenal para intentar encandilar al jefe. Le echaba besitos, lo llamaba, le bailaba de forma erótica, le dio el número de teléfono, intentó bailar con él, le invitaba a copas... De todo, él tenía su objetivo marcado y como mínimo de allí no se iba a marchar sin ponerlo todo de su parte.
Ahora imaginaos y pensad por un momento, si eso pasaba en las bodas, comuniones o comidas sencillas en un restaurante normal para eventos, ¿qué nos podría pasar ya cuando estuvimos en la sala de fiestas? Aquí ya la noche nos confunde a todos y ocurren cosas como hacerle la cobra a un cliente en medio de la pista recogiendo vasos, Lis de buena fe de ello, o que estén esperando por nosotras al salir, aunque alguno se llevó un gran chasco al enterarse que esperar por nosotras no iba tener el resultado deseado, pues nuestras parejas también venían o sencillamente el interés era nulo. Una vez más es importante recordar que no solo ligamos las mujeres o solo a nosotras nos pasan este tipo de cosas con algún pretendiente entusiasmado, pues también recuerdo a la madurita que se encaprichó con uno de nuestros camareros, ¡hasta se le subió al caballito! Las risas que nos echamos a cuenta de esto nos duraron meses, porque nuestro camarero en cuestión también estaba bien entrado en años. Sin lugar dudas en este local hubo alguien (más bien algo) que siempre triunfaba todas las noches sin excepción, se trataba de una columna de madera que estaba cerca de la barra y la gran mayoría de personas que pasaban por allí no podían evitar bailar con ella.
Si eres de los que quiere ligar con el camarero/a y estás leyendo esto no te desanimes, no todas las historias quedan para una tarde de charla de acontecimientos, puesto que también han salido parejas y algunos han encontrado a la que hoy en día es su mujer y la madre de sus hijos.
Así que aprovechad el verano que aunque sea distinto en muchos aspectos en otros nunca se sabe. Y no dejéis de sonreír, a pesar de las mascarillas nuestros ojos transmiten nuestra alegría.
En este blog encontrarás historias divertidas que hemos vivimos algunos de los trabajadores en el amplio y asombroso mundo de la hostelería.
miércoles, 22 de julio de 2020
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